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IoB e IoT: ¿cómo puede la digitalización de los productos beneficiar a las empresas?

Innovación digital

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Gartner, la prestigiosa empresa de investigación y consultoría tecnológica, en su recientemente publicado Top Strategic Technology Trends 2021, analizó aquellas tendencias tecnológicas que las empresas deben prestar especial atención en un futuro cercano.

Tanto 2020 como 2021 están siendo años con grandes desafíos socioeconómicos a un nivel nunca visto hasta ahora debido a la combinación entre el imparable crecimiento que sigue la era digital, y, por otro lado, el impacto que la pandemia está teniendo en nuestra sociedad.

Es por ello que Gartner resume las necesidades que las empresas deben cuidar durante este año en: digitalización de sus procesos en torno a los usuarios, adaptación tecnológica de sus actividades para evitar la dependencia geográfica y preparación para la adaptación de las organizaciones en un entorno cada vez más volátil.

En este informe, como la gran tendencia a tener en cuenta destaca el conocido como Internet of Behaviours, IoB o Internet del Comportamiento, el cual, según Gartner, si es bien empleado, “permitirá la flexibilidad que requieren las empresas resilientes tras la conmoción provocada por el COVID-19 y el estado económico actual del mundo”.

A modo de introducción, en un momento en que las empresas tratan de mejorar diariamente tanto la cantidad como la calidad de la información y fuentes de datos que recopilan, para aplicarlos a sus negocios. podríamos hablar del IoB como el fenómeno que trata la recopilación y uso de información para guiar el comportamiento de las personas

Bajo el contexto de que la compartición de bases de datos y recursos está cobrando cada vez una mayor importancia al ser una necesidad para acelerar aquellos negocios con una base claramente digital, el IoB nace para explotar esta vertiente.

Pero, ¿qué es realmente el IoB?, ¿de dónde surge? y, ¿qué hay más allá en este fenómeno?

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Internet of Things, el origen del IoB

Para empezar a hablar sobre el IoB debemos comenzar explicando qué es el Internet de las cosas o IoT, el cual consiste en la interconexión en nuestra vida diaria de objetos de uso cotidiano a la red.

El IoT, algo que hace unos años nos podría parecer un argumento de una película de ciencia ficción, es a día de hoy una realidad. De hecho, es muy fácil comprobarlo alrededor nuestro, tan sólo hace falta pensar en todos aquellos dispositivos, electrodomésticos, máquinas, etc., que han formado parte de nuestra vida diaria durante años, y como gran parte de ellos han ido evolucionando con el tiempo, incluyendo sus últimas versiones aspectos y características digitales, donde destaca un elemento: la posibilidad de conexión a internet.

Cada vez contamos con más y más de este tipo de productos a nuestro alrededor, los cuales normalmente están acompañados de la etiqueta “inteligentes” o “digitales”, que permiten, mediante su conexión a la red, ofrecernos infinidad de ventajas sobre sus predecesores.

Da igual en que pensemos, esta conexión se ha normalizado en móviles, relojes, coches, máquinas de café, robots de cocina, etc., pero la realidad es que hasta los dispositivos más insospechados como un frigorífico pueden contener estas funciones, haciendo que vivamos rodeados de una “telaraña digital”, en la cual estamos atrapados, y rodeados cada año por más de estos objetos.

Detrás de todo este fenómeno, más allá del aumento de calidad de vida que nos puede generar, destaca un elemento que puede ser de gran utilidad para las empresas. Hablamos de la posibilidad de relacionar las acciones que se tomen en dichos objetos, a través de su conexión a internet, con la generación de etiquetas y perfiles de usuarios, gracias a la inmensa cantidad de datos que se registran en cada acción.

¿Cómo puede ser de utilidad esto?, de forma muy sencilla, dichos datos asignados a perfiles pueden ser tratados para descubrir información sobre el comportamiento, hábitos, gustos e intereses de las personas, lo cual puede ser de gran valor para que las empresas, por ejemplo, puedan tratar de ofrecernos productos o servicios en fases clave en base a la información analizada.

De hecho, esto no es algo nuevo y, si nos paramos a pensar, debería sonarnos como una idea bastante familiar. El concepto de rastrear la actividad de los usuarios para analizar y conocer más sobre estos y así poder dirigirles información con fines comerciales no es novedad. Lo vemos cada día con las cookies y la publicidad recibida en internet, la cual va estrechamente personalizada a partir de las “migas” que vamos soltando en nuestra actividad en la red, la cual es  rastreada y analizada.

El IoT puede compartir similitudes con estas cookies, pero su aspecto más diferenciador es el que, a su vez, le hace tan potencialmente revolucionario, y es que más allá de nuestra actividad realizada a través de un móvil, ordenador o Tablet, como ya hemos dicho, estamos cada vez más rodeados de estos dispositivos, por lo que las posibilidades son infinitas.

Sin embargo, el IoT se limita a la interconexión entre dispositivos, internet y los usuarios, por lo que necesitamos algo que nos permita aprovechar el potencial de este fenómeno, y es ahí donde el IoB toma su lugar.

Internet of Behaviours, ¿cómo funciona?

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Aunque el concepto del IoB puede sonar novedoso, fue en 2012 cuando se empezó a hablar de este fenómeno con el que se podría obtener valiosa información sobre el comportamiento de los usuarios a partir de la interacción de estos con los dispositivos que conforman el “internet de las cosas”. Por supuesto, la digitalización de los productos no estaba tan en boga como hoy en día, y nadie podía esperarse lo que vendría por delante.

La relación entre ambos fenómenos es sencilla: cuanto más conocen las empresas sobre nosotros (IoT), podrán influenciar en mayor medida nuestro comportamiento (IoB).

Podemos entender mejor el concepto del IoB como una combinación de tres elementos: tecnología, análisis de datos, y ciencia del comportamiento.

Esta combinación busca analizar esos datos desde una perspectiva más profunda a lo que viene siendo habitual, donde la prioridad será tratar de comprender la conducta psicológica de los usuarios detrás de cada acción con un único fin: poder influir en nuestro comportamiento.

Esta perspectiva psicológica se conseguirá alcanzar gracias al empleo de los últimos avances tecnológicos (por ejemplo, plataformas de soporte multiformato), que permitan moldear perfiles para cada usuario a partir de su actividad generada con el uso que dé a estos dispositivos conectados a la red, buscando adentrarse en la comprensión de cada una de sus acciones y su conducta en general.

A partir de los resultados obtenidos, será fácil poder diseñar estrategias de, por ejemplo, experiencia de usuario, o conocer cómo, dónde y cuándo se debe anunciar un producto a un potencial cliente, sabiendo la situación exacta en la que este tendrá un mayor resultado.

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Tendencias a seguir según el informe de Gartner.

¿Cómo puede el IoB mejorar nuestro negocio?

El IoB va camino de convertirse en una herramienta esencial a nivel de marketing y publicidad para cualquier tipo de negocio. La razón es simple: a través de su uso, será posible conseguir un amplio conocimiento nuestro público objetivo, lo cual a su vez implica numerosos beneficios:

El primer escenario que puede verse impactado es el Big Data. Por ejemplo, gracias al IoT, las empresas podrán conocer el customer journey del cliente de principio a fin, pudiendo ver dónde comienza el interés de los usuarios hacia nuestros productos, sus rutas de compras, etc., lo que significa tener un mayor poder de control sobre tratar de hacerles avanzar, sobre los puntos de contacto con el cliente, su satisfacción, etc.

Otra forma en la que podría ser utilizado, es para mejorar la comunicación con aquellos usuarios que se encuentran en fases tempranas, pudiendo promover una conexión emocional con ellos de forma más eficaz y sencilla.

También sería aplicable a aquellos que muestran problemas en su “journey”, pudiendo resolverlos de forma más fácil y rápida.

La investigación de mercados también tendrá una gran evolución ya que creará grandes oportunidades para la recolección de datos de calidad.

Gracias al IoT, las empresas serán capaces de segmentar y focalizar aún más sus nichos de público objetivo, pudiendo desarrollar estrategias mucho más personalizadas a medida de los usuarios, además de que se espera un aumento exponencial en el número de dispositivos que forman parte de nuestras vidas y del IoT.

Por otro lado, el IoT nos permitirá conseguir información que hasta ahora era imposible de obtener sobre aspectos de sus vidas nunca vistas antes. Datos a partir de los famosos “wearables”, máquinas de café, o cualquier otro aparato doméstico permitirá conocer hasta límites nunca vistos, tendencias y hábitos de los usuarios, lo cual permitirá un mayor entendimiento sobre estos.

Los especialistas SEO incluso creen que esta disciplina se verá mejorada, ya que el enfoque y acercamiento que tiene esta sobre los hábitos de los usuarios será más natural que nunca, algo que es visible, por ejemplo, cuando una persona hace una pregunta a Siri o Alexa, en vez de realizar una búsqueda que será analizada en base a keywords, además de que permitirá analizar hábitos de compra de los usuarios entre plataformas, pudiendo conocer las motivaciones más fácilmente.

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 ¿Cuál es el futuro del IoB?

Pese a que está creciendo a un ritmo vertiginoso, existe aún un razonable desconocimiento en torno al fenómeno al encontrarse en fases iniciales de descubrimiento y explotación, por lo que es difícil predecir hasta qué punto llegará a revolucionar sectores como el de la publicidad.

Si todo va de acuerdo a las predicciones de Gartner, podemos esperar que el IoB se convierta en algo muy presente para la planificación estratégica de cualquier tipo de negocio, pero también como parte de nuestra vida diaria.

Sin embargo, existen aún muchas incógnitas que aclarar y algunos flecos que resolver. Uno de ellos es la amenaza que puede suponer para la privacidad de los usuarios.

Este se trata, además, de un tema crítico para el devenir del “Internet del comportamiento”, pues nos encontramos en plena “crisis” en el marco de la privacidad, con multitud de nuevas normativas desarrollándose para proteger a los usuarios, que se han llevado por delante, por ejemplo, a las cookies de terceros, como analizamos recientemente.

Sin embargo, tratándose de un concepto que se escapa de lo puramente comercial, y del cual sectores tan importantes como el sanitario podrían verse tan beneficiadas (recordemos que, gracias a esto, a través de un reloj inteligente o smartphone, se espera que se pueda controlar, aspectos como dietas, ritmos cardíacos, sueño, etc., para prevenir problemas de salud), es difícil anticipar cómo se envolverán las regulaciones en torno a este. Cómo será el futuro del IoB en nuestro día a día está aún en el aire.

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